jueves, 27 de noviembre de 2014

¿A que deberia darle prioridad una educomunicacion en el siglo XXI¨?


El 11 de septiembre de 2001 asistimos en directo a una cadena de actos terroristas que se produjeron en el corazón mismo de uno de los países considerados como emblemas del mundo desarrollado. Los atentados contra las Torres Gemelas en Nueva York y el Pentágono en Washington marcaron un punto y a parte en la percepción de los países del norte con respecto a sus políticas de seguridad.
En menos de 2 horas, más de 4.000 civiles desaparecieron o murieron como resultado de estos atentados. Los hechos superaron por su rotundidad a cualquier imagen de ficción extraída del imaginario colectivo inspirado por el cine o la televisión. El hecho de que 3 aviones de pasajeros fueran inicialmente secuestrados y posteriormente estrellados en otros tantos objetivos seleccionados resulta ya de por sí espeluznante. El que estos atentados se produjeran en Nueva York y Washington y afectaran a símbolos de la civilización norteamericana es una vuelta de tuerca inesperada para el conjunto del pueblo americano acostumbrado a disfrutar históricamente de una inmunidad sólo vulnerada en los años 40 con el bombardeo de Pearl Harbor.
Los medios de comunicación, y especialmente la televisión, han transmitido las imágenes del suceso, han mostrado la secuencia de hechos ocurridos casi en directo, y sin embargo no han sido capaces de aportar suficientes elementos para el debate y la reflexión. De nuevo los telespectadores de los 5 continentes han visto repetidas hasta la saciedad las mismas imágenes, y han podido comprobar hasta qué punto esas imágenes se iban a convertir en iconos de una nueva época. Hemos vuelto a perder, sin embargo, una gran oportunidad para trascender a lo obvio y  estimular nuestra capacidad de reflexión.
Como ya ha señalado Dominique Wolton “el siglo XX ha sido el siglo que nos ha traído los mayores progresos en el campo de las técnicas de comunicación, y todos ellos movidos por un ideal democrático: acercar a las personas. Sin embargo, este siglo ha sido el marco de las masacres más monstruosas de la historia, las más tecnificadas y las más ideológicas. Este hecho demuestra la ausencia de vínculos directos entre el progreso tecnológico y el progreso de la comunicación entre los pueblos. La tecnología sólo es un instrumento”[11].
En el caso del 11 de septiembre, algunos profesores universitarios norteamericanos como John Carlin, han analizado hasta qué punto los actos terroristas que golpearon Estados Unidos podían significar el pago con la misma moneda a una política exterior que había convertido a Estados Unidos en el único país del mundo capaz de actuar como gendarme en todo el planeta. Los artículos de fondo que se publicaron con posterioridad a los sucesos de septiembre trataron de hallar explicaciones convincentes ante unos hechos terriblemente dramáticos. La política exterior de Estados Unidos en América Latina, África u Oriente Próximo, es paradigmática de una forma de actuar que “siembra vientos” y, por primera vez de forma tan dramática y dolorosa para el pueblo norteamericano, ha “recogido tempestades”.
Sin embargo la imagen que los propios norteamericanos han querido que trascendiera de su respuesta, para nada da a entender que esta haya sido una oportunidad aprovechada para fomentar una cierta autocrítica. Tampoco se deduce que de esta tragedia se hayan extraído lecciones de historia o propuestas para analizar las desafortunadas acciones norteamericanas que durante la mayor parte del siglo XX  han supuesto interferencias graves en la política interior de muchos países del globo, hasta el punto de promover invasiones y derrocamientos de líderes democráticamente elegidos.
El tratamiento que los medios de todo el mundo han realizado de los sucesos del 11 de septiembre, de la posterior invasión de Afganistán, y de la búsqueda indefinida, y en el momento de redactar estas líneas, búsqueda infructuosa de Bin Laden, no deja de recordar otras campañas y otros sucesos ya conocidos.
Como ya sucediera durante la Guerra del Golfo, las televisiones a nivel planetario han reproducido de forma sistemática el discurso del poder, en lugar de contribuir a generar un debate que permitiera hacer un aprovechamiento didáctico integral de unos acontecimientos que afectan a la supervivencia misma del planeta. Sólo la cadena árabe Al Yazeera ha representado una alternativa verdadera a la versión única habitual de CNN y de los informativos de las grandes “networks” norteamericanas .
La propuesta desde una perspectiva de educomunicación, llevaría a reconvertir las imágenes y sonidos de todo lo acontecido desde el 11 de septiembre en una gran unidad didáctica que invitara a no olvidar el pasado, contextualizar los hechos desde una perspectiva histórica global, evitar los encasillamientos empobrecedores, y romper con aquellos tópicos y estereotipos que  no sirven para enriquecer una mínima visión del mundo  (en el sentido de apertura con el que se asocia el bello término alemán: “weltanschaung”), capaz de abrirnos a un conocimiento más objetivo y distanciado de la realidad.
Estados Unidos ha estado rápida como nación para evitarse a sí misma y al resto del mundo las imágenes de sus muertos, pero, de nuevo ha incurrido en un nuevo fiasco que lleva a servirse de las técnicas más burdas de desinformación y encubrimiento de la realidad para evitar hablar de esos asuntos colaterales que están en la esencia misma de muchos de los problemas que afectan a nuestro mundo.